17 dic. 2014

Viajes: La Rioja, Argentina y un poco de Sanagasta



"En mis quince no quiero una fiesta, quiero un viaje" dije. Así fue, mamá y papá propusieron que eligiera a dónde quería ir y qué lugar quería conocer, yo elegí este: La Rioja. La provincia de mi papá, lugar de mis raíces paternas, lugar que también es mi hogar.


Desde que tengo uso de razón, papá vivía contándome viejas anécdotas (algunas hermosas, otras feas, muchas divertidas, pocas tristes) sobre su vida en ésta hermosa provincia de Argentina. Él nació allá y vivió toda su infancia y parte de su adolescencia en tierras riojanas, hasta que se vino a vivir a Buenos Aires. Siempre tuve mucha curiosidad, siempre quise conocer el lugar donde papá nació; así que dije: "quiero conocer La Rioja". Y así fue... el sábado 14 de enero del 2012 partimos de Buenos Aires hacia esta hermosa provincia. Allí iba a festejar mis quince años, en mis raíces... en donde una parte de mí pertenece (y va a pertenecer durante toda mi vida).
Hoy, después de 2 años (y un poco más) voy a contarles cómo fue este hermoso viaje de casi un mes; en donde viví momentos inolvidables. Ustedes se preguntarán: ¿cómo es que recuerda todo? Yo les contesto: es porque cuando mientras viajaba, escribía en tiempo real todo lo que estaba viviendo. Sí, en mis quince años escribí un libro que se llama: "MIS QUINCE", en el cual relata todo nuestros caminos con fotos y anécdotas. Creo que es el mejor auto-regalo que me podría haber dado y más en una edad como esa... es el día de hoy que lo leo y no lo puedo creer: "¿en verdad yo viví eso, en verdad yo escribí eso?" No tengo palabras para describir lo que fue aquella experiencia con mi libro (que nadie, absolutamente nadie lo leyó).

Por eso en las siguientes entradas sobre mi viaje a La Rioja, voy a citar frases de mi libro. Como por ejemplo, ahora:
"Ayer. Ayer fue el día en que salimos de vacaciones hacia La Rioja,
Argentina. Donde pasaría mis 15 años, donde al fin podré cumplir ese
sueño que tengo desde pequeña".
Recuerdo que el viaje de ida había sido muy agotador (cargar la valija también, sobre todo porque nosotras llevamos una familiar y un bolso de mano cada uno). Y hasta recuerdo perfectamente lo rico que estaba aquel sánguche -acá le decimos así al sándwich- de jamón y queso que comimos en Retiro, esperando nuestro micro. Éste salía a las 20:40.

"Y así fue. Luego de unos 15 minutos de espera, el micro al fin se
encendió y comenzó a acelerar lentamente. Muchos más transportes
similares iban detrás, delante y a nuestros costados. Todos aquellos
se dirigían a diferentes partes del país.
Comenzamos a alejarnos del lugar, y yo muy emocionada
comienzo a grabar en la oscuridad como nos despedíamos de Buenos Aires,
al fin."
Durante las primeras horas de viaje me la pasé leyendo, hablando y riendo junto con mi hermana Agustina -tengo esa manía de que cuando viajo, no puedo dormir por la ansiedad-. Y de vez en cuando me ponía a escribir o a pensar cosas como estas:
"El paisaje estaba rodeado de luces a lo lejos, todas estaban en fila. Eran
pequeños puntitos anaranjados uno al lado del otro formando una línea
punteada. Alguna de aquellas manchitas luminosas se movían. Eran las
luces de los autos a lo lejos junto con las luces de la ruta. Se veía muy
bonito desde lejos".
Miramos una película, dormí dos horas y un señor detrás nuestro no dejaba de roncar de la manera más exagerada (no les miento, era muy chistoso). A las seis de la mañana, cuando desperté, me encontré con algo hermoso: las sierras de Córdoba siendo tocadas por el sol mañanero del verano.
Nuestra primera parada fue allí, donde comimos y tomamos algo fresco.
"Mis oídos comenzaron a hacer presión al igual que mi garganta. Ya
habíamos llegado a un lugar muy alto: estábamos llegando a La Rioja. El
colectivo hizo una que otra parada, y comencé a observar que la tierra
era de un tono marrón grisáceo junto con un gris casi plateado".


Cuando llegamos recuerdo que estaba feliz: era otro suelo, otro cielo, otro olor, otro ambiente, otra gente. Pasamos por la Universidad Nacional de La Rioja (universidad que fue abierta gracias a un grano de arena que papá puso en su juventud) y por la escuela militar en la cual él asistió en aquellos tiempos. Nos íbamos a alojar en un hostel, propiedad de una amiga y compañera de secundaria de papá en la capital. Allí nos atendió el amo de llaves, que por cierto fue muy amable. Dejamos todo nuestro equipaje en nuestra habitación y preparamos "un pequeño bolso" para viajar al pueblo (sí, más viaje) donde Margarita, la dueña del hostel nos estaba esperando en su casa de fin de semana en Sanagasta, un hermoso pueblo de la provincia.
Yo no entendía nada, no podía ser posible que apenas llegábamos a la capital, ya nos estábamos yendo hacia un pueblo aún sin conocer lo que nos estaba rodeando. Por eso me explicaron: "pasamos unos días allá, y después volvemos".
Durante el viaje de aproximadamente unos veinte minutos (que para mí fueron eternos), sentí mareos, presión de oídos y garganta, y pude notar que el clima –sobre todo el ambiente- había cambiado por completo. El olor era distinto y el aire era más puro: estábamos a más altura que de la capital y rodeados de cerros y pura naturaleza, puro pueblo local. El esposo de Margarita, José, nos dijo que Sanagasta se caracteriza por ser un pueblo tranquilo, ideal para evitar el estrés y renovarse por completo. Tenía razón.
Fue hermoso haber llegado aquel día y ver cómo nos estaban esperando con unas milanesas de carne, chorizo y ensaladas con abundantes aceitunas (en La Rioja, las aceitunas son como plaga)… pero lo mejor fue haber sentido su hospitalidad, su amabilidad y sus ganas de tenernos como visitas en su casa.
Yo diría que fue una especie de Couchsurfing ¿no?


Casa de José y Margarita en Sanagasta


Esa tarde recuerdo que me senté en el patio de afuera frente a los cerros y me puse a escribir y a leer un poco. Margarita se acercó y nos ofreció a mí y a mi hermana un racimo de uva (tienen que probar las uvas de La Rioja, yo creo que son las más ricas del mundo). Después aproveché el silencio y la tranquilidad y dormí para reponer energías después de haber viajado tanto. Y ahí, ahí ya no me acuerdo más…
Durante la noche, mi mamá preparó la cena para agasajar a nuestros anfitriones y cocinó pizza (anoten, la mozzarella no es la misma que la de Buenos Aires, tiene un sabor más suave y es riquísima).
Otra característica de Sanagasta –y de la gente que vive allí-, es que en las calles predominan las motos y la gente descalza. Sí, así como leyeron. Salen a comprar: en moto y en pata. Van a visitar a la abuela: en moto y en pata. Van a comprar empanadas a lo de doña pepita: en moto y en pata. ¡Oh, las empanadas! Tienen que probarlas, son como tocar el cielo con las manos. Nosotros salimos a caminar a eso de las once de la mañana y le compramos media docena a un par de mujeres que tenían un puestito local en una casa. Estaban calientes (porque me quemé la lengua y mis ojos lloraron) pero de calidad, cinco estrellas. Y las señoras muy amables, por cierto.




Cuando volvimos a la casa de Margarita, nos encontramos con la sorpresa de que nos estaban preparando un asado bien a lo argentino (y no el porteño, el riojano. Sí, aunque sea una carne del mismo país, la diferencia se percibe por el tipo de suelo. En Buenos Aires el suelo es llano y húmedo, y en La Rioja es árido, seco y montañoso), y una picada (picada se le dice al “plato de entrada” tradicional de todos los argentinos: trozos de queso, carnes saladas, aceitunas, pan casero y vino).
Recuerdo que esa tarde comencé a sentir el calor de verano, algo que en Sanagasta sólo se siente cuando es la temporada –por lo general, durante las noches refresca y bastante-. Papá nos preguntó a dónde nos gustaría ir: a conocer el río o a escalar los cerros. Mamá votó por ir al río y nosotros le ganamos tres a uno eligiendo escalar los cerros. Y no me arrepiento de aquella elección.
De lo único que me arrepentí fue haber llevado unas zapatillas converse para la ocasión (era lo único que se me había ocurrido guardar en el bolso para venir a Sanagasta, todo lo dejé en la capital), de lo demás, para nada. La experiencia de haber escalado más de cincuenta metros (sin nada más que mis piernas y brazos) –y que me picara una araña en la mano-, fue única. Aún me acuerdo de aquel momento en el que casi me caigo hacia un costado y me clavo un cactus del tamaño de mi cuerpo en el brazo…





El centro turístico de Sanagasta

Lo que más me sorprendió de un centro turístico es que, las puertas de las casas de la misma gente local que vive ahí estaban abiertas. Eso por donde vivo no pasa –o por lo menos ahora-. Me sentí bien al estar ahí, fue un momento de alegría y tranquilidad al sentirme segura por estar rodeada de gente así, tan simple y despreocupada.
Fue hermoso haber podido perderme entre la gente local y unos pocos turistas y entrar a esas casas culturales y ferias artesanales, donde lo único que te ofrecían era un poco de su historia... de su propia tierra, con ese acento tan llamativo y familiar que es música para mis oídos.

Datos útiles de Sanagasta


  • El lugar es fresco durante las noches y bastante llevadero en las horas de mayor temperatura, es un ambiente ideal para disfrutar en cualquier momento del verano.
  • La gente mayormente se maneja en moto por las grandes subidas y bajadas por los caminos de los cerros.
  • Estés donde estés vas a cruzarte con casas que venden comida local, en especial las empanadas riojanas... imperdibles.
  • El paisaje es único.







3 comentarios:

  1. Hola, Aylu!! Que lindo todo lo que escribiste. Yo en un momento pensé que solo viajaban los que tenías plata pero después me di cuenta que no era necesario siempre y cuando te la sepas rebuscar y ver como te manejas. Yo nunca podría ser algo así porque no sabría como manejarme, claro que si tengo plata sería más fácil. Se nota que vos aprecias cada detalle cuando vas de viaje, es muy lindo que tengas esa pasión por viajar.
    Yo fui a sur de Argentina: Bariloche, Calafate y Tierra del Fuego. Del Calafate quedé enamorada totalmente, es ideal para vivir, eso sí te tiene que gustar el frió. Eso que fui en verano.
    Espero que puedas ir a muchos lugares hermosos.La verdad es que tenes un blog hermoso y me encanta como escribís.
    PD: Gracias por pasarte por mi blog. Ya te sigo y me quedo por acá.

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  2. Hola :) Necesito la próxima parte! jaja Soy de La Rioja y me encanta ver como la gente de otro lado ve mi tierra. Espero que sigas subiendo sobre tus viajes, es algo que también me apasiona. Un abrazo!

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